Cultura copy/paste

Si vives en Panamá, habrás notado que de 3 a 5 años para acá, la oferta cultural de la ciudad ha crecido notablemente. Ahora si quieres salir el fin de semana (o incluso entre semana), quizás te toque organizarte entre mercaditos pop-up, tiendas de comida orgánica, patios de food trucks, muestras de cine indie, festivales musicales, exposiciones de todo tipo y talleres de lo que se te ocurra. Queda claro que el ocio y el consumo se han diversificado en algunos sectores de la ciudad, con un predominio de lo alternativo, la estética de lo artesanal y un discurso visual indiscutiblemente hipster.

Está claro que algo está pasando, pero aunque lo aparente, la “primavera cultural” de la que hablo no se acerca ni un poco a ser un proceso de desarrollo y transformación social. Más bien la fiebre del emprendedurismo y la moda de la economía naranja han empaquetado y sabido vender la idea de que el desarrollo cultural y económico del país (de cualquier país) dependen de la creatividad, la innovación y el empuje de la “clase creativa”, como la llama Richard Florida. Es en sí misma una ideología de raíces neoliberales que se nutre de la desigualdad, la desconfianza en las instituciones, el neohippismo gringo y las historias de éxito de Silicon Valley con sus CEOs que cambian el mundo a punta de garabatos en una servilleta. Es un nuevo dogma con sus propias figuras evangelizadoras que pregonan la buena nueva: que los emprendedores son los héroes de la economía, los mejores hijos de la patria que con su infinita capacidad creativa están llamados a resolver los problemas sociales, como una suerte de Estado alternativo que opera en la periferia del statu quo.

Además de centrarse en la ciudad y sólo en sectores muy particulares, este supuesto despertar cultural es esencialmente exclusivo: la gente joven del barrio de San Felipe no parquea en los lugares de moda del Casco por más que vivan al lado, y tampoco vemos a la gente de El Chorrillo o El Marañón en una muestra de cine alternativo en algún espacio cool de la localidad. Lo mismo ocurre con el emprendedurismo: es una cuestión de clases que se revela hasta en el propio lenguaje, porque la Generación Y del campo o del gueto no habla de startups, coworking, crowdfunding y toda la jerga de los millennials emprendedores del centro de la ciudad. Parece una obviedad porque erróneamente se supone que la gente de sectores populares es inculta, no tiene sensibilidad social ni estética y mucho menos interés en este tipo de actividades, pero en realidad lo que describo es el producto de una desigualdad tan profunda que casi se ha hecho invisible entre tanto nihilismo pop. Es la misma que tiene a gran parte de la población tan convencida de que la pobreza es una elección de los que no se esforzaron lo suficiente porque les faltó “espíritu emprendedor”.

Esta desigualdad también está en los emprendimientos que se basan en la estetización y el vaciado de expresiones culturales minoritarias que de otro modo ni voltearíamos a ver. Es un oportunismo que mantiene invisible al verdadero artesano mientras un pequeño-burgués, con su visión romántica y paternalista, toma crédito del trabajo ajeno refinándolo, poniéndole un logo bonito y un precio de boutique neoyorquina. Lo irónico es que esta gente cree reivindicar a las culturas indígenas y campesinas, mientras siguen pensando que sus economías y formas de vida son arcaicas o atrasadas. En otras palabras, se aprovecha la rica dimensión estética de las culturas no hegemónicas y se desecha todo lo que atente contra la visión de progreso lineal que se mantiene en Occidente desde la Revolución Industrial.

Sin duda es positivo y necesario que se desarrollen las artes, la creatividad y los pequeños emprendimientos. También está bien poder ir a un festival y comerse un emparedado de seitán en pan vegano artesanal al ritmo de una banda indie, pero hay que ser conscientes de que toda esta nueva oferta cultural y la moda del emprendedurismo están (la mayoría de las veces) ligados al poder adquisitivo y que, lejos de producir un verdadero impacto, se limitan a la reproducción de discursos y estéticas dominantes para que las capas medias y altas se sientan ambientadas en alguna gran capital.

Aparte de reproducir las desigualdades generadas por un sistema insostenible, el mayor problema de esta cultura de copiar y pegar es que da la ilusión de que no tenemos nada que envidiar a X o Y país del dizque primer mundo, sin darnos cuenta de que la actividad cultural de estos países tiene una función de “mantenimiento” de un desarrollo que ocurrió hace cientos de años por múltiples factores sociales, políticos, económicos y culturales, así que imitarla 1000 veces no nos traerá el mismo resultado sin que antes pasemos por nuestros propios procesos que además serán largos, complejos y traumáticos. De hecho, este copy/paste compulsivo es en parte un resultado del crecimiento económico amorfo y sin sentido (en tanto mal distribuido) que ha tenido Panamá en los últimos 12 años, pero además se alimenta de una profunda desconfianza en el Estado. Lo peligroso es que esta desconfianza produce sujetos individualistas y despolitizados, a quienes la lógica de mercado hace creer que los procesos de desarrollo corren por cuenta de una élite creativa frente a un poder público percibido como naturalmente ineficiente.

Lo que intento decir no es que un festival indie o una nueva aplicación móvil no valgan para nada, o que mejorar la calidad del entretenimiento cultural sea una iniciativa estéril. Mi punto es que ninguna innovación tendrá verdadera trascendencia sin un sentido de comunidad por encima de la rentabilización por deporte o de beneficiar a los que creamos más parecidos a “nosotros”. Mucho menos si no se proyecta con un alcance político que ataque a la desigualdad sin mirar a la cultura como una mercancía más en la interminable búsqueda de distinción en el autodiseño. Por su naturaleza de corto alcance, un evento alternativo/cultureta o una idea cool jamás sustituirán al Estado ni a las políticas públicas, pero sí pueden presionarlas o impulsarlas si la creatividad y la innovación se ponen al servicio de la sociedad como conjunto. Me refiero a que miremos por encima de las alucinaciones de gurús y pseudobohemios que reproducen el mito de las economías verdes, naranjas, púrpuras o tornasol, y comencemos a explorar las alternativas de la Economía Solidaria en el campo de la gestión cultural y el emprendimiento.

Originalmente publicado en la revista SML, # 3, julio 2016.

Save

Anuncios

29 comentarios sobre “Cultura copy/paste

Agrega el tuyo

  1. Reblogueó esto en NARANJA CULTURALy comentado:
    Excelente artículo. Modelos que se adecuan, no necesariamente a una realidad y que no entallan, simplemente visten las ciudades. Se pierde la esencia de la promoción y el cambio que promete la gestión cultural. A leer y a compartir. Felicidades a su autora.

  2. Excelente artículo! Muy acertado, queremos obligar a la sociedad a crecer sin experimentar procesos. Y seguimos centralizados en la ciudad sin bríndales oportunidades a los jóvenes del interior. No todos tenemos que ser emprendedores, los modelos tradicionales de las organizaciones/empresas también son necesarios.

  3. Señorita Cordero, hoy es 20 de febrero de 2017 prácticamente 6 meses después del nacimiento de este artículo lo veo en mi Facebook reverenciado por una buena amiga que también lo descubrio el día de hoy.

    Ahora bien, ¿Qué sabemos? En todas las naciones los festivales conllevan una ganancia Socio económica importante que fuerza al Estado, comarca o municipio a involucrarse pero ellos no estuvieron ni estarán obligados a hacerlo por que en democracia hay cosas mas importantes.

    El modelo democratico no es el modelo más culto la monarquía si que lo es incluso el comunismo es más efectivo en el ámbito cultural que el modelo que tenemos en Panamá.

    En fin si de tradiciones se trata, el modelo de éxito a copia son los carnavales de cada pueblito de la península de Azuero sabiendo esto hay que usar la cabeza para no perder la dignidad y ganar apoyo, aquí es donde todos los soñadores se pierden en discusiones inútiles.

    Bien ahora llegamos a mi punto, crear una tradición es una carrera de resistencia no de velocidad y depende de las personas que la crean, mantenerla no solo en el tiempo sino en al bagaje cultural de las personas.

    Esto implica hacerlo vivir, lo importante no es denunciar lo que estamos haciendo mal o quienes lo están haciendo mal sino ayudar a mejorar,robar ideas e implementar, estar dispuestos a aportar una idea y que nadie te reconozca, insertarse en un movimiento por plata o por convicción con ganas de tener una experiencia independientemente del resultado y dar la cara por lo bueno o malo que suceda.

    Yo compartire tu escrito pero antes quería darte mi opinion

    1. Hola Stashell. Agradezco mucho que haya leído y comentado. En realidad mi crítica se centra en cómo las mal llamadas industrias culturales y creativas reproducen la desigualdad ya generada por el sistema capitalista. Lo hacen disfrazadas de desarrollo (un término en sí mismo problemático) y hacen a la gente pensar que la solución a los problemas sociales y económicos está en el emprendimiento, cuando éstos son de corte estructural. Pienso que una verdadera transformación sólo va a ocurrir cuando se destierre la lógica de mercado que rige a estas actividades, aunque también soy consciente de que puede parecer una utopía.
      Nuevamente, mil gracias por leerlo.

      1. Que buena respuesta y me sumo a su pensamiento. Tambien lo leo hoy y me ha alentado mucho, me ha hecho sentirme acompanada, graciasssssss

  4. Sesudo. Clarividente. Frontal.
    Ha sido para mí, un regalo la lectura de tu escrito. Una bocanada de aire en un ámbito dominado por la futilidad y la carencia absoluta de reflexión.
    Gracias. Sobretodo por no hacerme sentir tan aislada (ni la más amargada!) ante mi “sospecha” de que esos “nuevos” movimientos e iniciativas culturales, no hacen más que reproducir -en más “hip-cool”- y perpetuar nuestra posición de pobres imitadores, en desesperada necesidad de lucir actualizados, modernos… Otra alucinación de “desarrollo”.

  5. Tu articulo da mucho de que pensar. En mi opinion los que en Panama estan haciendo actividades comerciales creativas lo hacen porque es lo que les llama la atencion, es lo que sienten pasion por hacer y trabajo cuesta hacerlo. Si en eso te ganas la vida y te da para pagar tus gastos y ademas pagar tus impuestos al gobierno entonces tienes el derecho y el deber de pedir que el gobierno haga algo por el bien comun, como poner infraestructura, poner escuelas y pagarle a maestros, ofrecer un sistema de salud para todos, dar opciones de vivienda que sean accesibles, proteger el medio ambiente… Pero no veo porque hay que criticar a un sector que quiere crear y trabajar en lo que le gusta solo porque no sea para todos y no este denunciando en su creacion los problemas en la sociedad y un gobierno donde hay mucha corrupcion.

    1. Lo que pasa es que la cultura no es una mercancía. Quien quiera vivir del sector cultural puede hacerlo, por supuesto, pero al hacerlo bajo la lógica de mercado es inevitable que se reproduzcan y se perpetúen las desigualdades. Perfecto por el que le guste este sector para vivir de él, pero que no piense que está haciendo transformaciones sociales, como muchos aquí por hacer un evento exclusivo o dos. La cultura es, entre muchas otras cosas, un vehículo para el desarrollo, pero de cómo se trabaje dependerá si se pone al servicio de todos (como debe ser) o de unos pocos.

      1. Las personas creativas tienen que poder ganarse la vida de algina manera. Esto implica el tener que comercializar hasta cierto punto su creatividad. Si por ejemplo una persona que le gusta la cocina quiere poner un establecimiento de comida movil donde parte del concepto es no usar utensilios de plastico desechables esto es un buen ejemplo de fomentar una cultura de conciencia ambiental asi efectuando cambios sociales positivos.

      2. De acuerdo. Nos guste o no el sistema en que vivimos, todos necesitamos ganarnos la vida, y si podemos hacerlo con algo que amamos o creando un impacto positivo aunque sea mínimo, mucho mejor. Aun así, si olvidamos que la cultura no es una mercancía, los que trabajamos en impulsarla y en instrumentarla para el desarrollo, no estamos haciendo más que ganarnos la vida. Mi punto es que eso no está mal, pero sí pensar que más eventos, más productos artesanales y más innovación equivalen a desarrollo si no están acompañados de políticas públicas y una lógica de procesos.

  6. El hecho de que abordes la apropiación cultural e hipocresía respecto a los pueblos indígenas; las manifestaciones de cultura que hemos adoptado de otras latitudes vs las propias que muchas veces son consideradas inferiores (qué es cultura para empezar y de dónde sale esa definición?); la resignación e indiferencia de los ciudadanos a vivir en y con un Estado corrupto, pero principalmente la necesidad de crear comunidad y romper burbujas sociales. Nada más fue mencionar ‘neoliberalismo’y ‘start ups’ para que pusieras a más de uno a secretar bilis en un post de Facebook jaja!!! Pero la realidad es que para crecer hay que ser capaz de de hacer autocrítica y saber dónde estamos parados, a dónde estamos apuntado y hacia dónde queremos ir. Brava!!

    1. Gracias por el apoyo, Maria Gabriella. En efecto, sé que hay mucha gente molesta, pero en gran parte es porque se sienten atacados, cuando en realidad yo me refiero a que está perfecto que te dediques a lo que quieras o a lo que te haga sentir bien, pero no me digas que no contribuyes a la desigualdad, o que lo que haces tiene una trascendencia que realmente no existe.
      Saludos y gracias por leer!

  7. Muy buen escrito! Me ha hecho recordar la razón por la que dejé de asistir a los Pecha Kuchas hace unos años atrás, recuerdo la charla de una joven diseñadora “Adopta a tu Ngäbe”… o cuando me preguntaron por qué no iba al festival Sensorial, sólo podía pensar en una palabra “segregación”, me parece ilógico gastar tanto en un sólo día (si sumas boletos de entrada + pintas+ comida+ etc) hace unos años atrás la mayoría de estos eventos eran para público algo más amplio, ciertamente no para todos pero abarcaban más. Hoy en día estos eventos se vuelven cada vez más elitistas y más caros, un estilo de vida básicamente imposible de llevar si eres un asalariado (clase media trabajadora). Han dejado de ser iniciativas que se perfilaban como inclusivas y se están convirtiendo en eventos totalmente exclusivos. Hace unos años atrás pensé que los “Yeyesitos con conciencia social” cambiarían las cosas en este país, hoy sé que los que estamos en el medio somos los que podemos exigir un cambio que equilibre las cosas.. sin embargo estamos tan ocupados trabajando y sobreviviendo en este país (cada vez más caro) que esa zanja entre los de arriba y los de abajo terminará por extinguirnos.
    Saludos!

    1. Uf, recuerdo lo de los Pecha Kucha. Al final también dejé de ir porque era pura promoción del negocio o emprendimiento de los que exponían. “Adopta a tu Ngäbe”? En serio?…
      Es verdad, estamos muy ocupados sobreviviendo, y eso sólo puede ser bueno para los que dominan y mantienen las cosas igual.

  8. Muy bueno. Un grano de arena en la toma de conciencia hacia “la moda cultural” de los últimos tiempos. No existe una transformación social efectiva sin una política cultural de Estado (imprescindible en países pequeños como el nuestro). Ya la tuvimos una vez y dio resultados.

  9. La mejor crítica al movimiento hipster que me he encontrado. Considero que un problema es que muchas de estas iniciativas se quedan únicamente en lo artificial en cuánto a un proceso de concientización y transformación social. Empezó un movimiento, en el qué las personas prefieren apoyar cultura nacional, pequeños emprendiemientos, comida orgánica y se generó un mercado alrededor. Yo personalmente me considero hipster porque me identifico con el disgusto por lo comercial, por lo popular, y porque identifico como hipster un movimiento hacía lo sustentable y socialmente justo. Pienso que es necesario ser críticos con los proyectos y negocios que se disfrazan de “buenas intenciones”, pero también creo que es momento de pintar la vida sustentable (ambiental y social-mente) de fiesta. No hay que confundir el querer formar parte de una ola, con una transición de conciencia y paradigma.

    Saludos desde la Universidad del Medio Ambiente de México!

    1. Muchísimas gracias, Daniel. Creo que esas buenas intenciones están en los proyectos muchas veces, pero la burbuja en la que viven sus impulsores es muy densa. El tema de lo hipster como contracultural es problemático porque todo eso lo asimila el Mercado, pero se puede contrarrestar desde las economías solidarias. Un abrazo desde Panamá.

  10. Has causado todo un buen revuelo Claudia !
    Yo siento que al inicio quienes organizan estos eventos van genuinamente interesados en busca de impulsar buenas cosas , para que todo mundo vea que al panameño le gusta la cultura y tiene iniciativa …..lo malo es cuando les llega la “fama” , los medios, y quizás algún político prometiendole un mejor futuro, y hasta ahí llegaron. Se olvidan de porque era que la cultura les interesaba , todo gira en torno al dinero y se dan golpes de pecho basados en algo tan vacío como un like. Slds 🙂

    1. Definitivamente creo que la mayoría de las veces la intención es buena, y como le decía a otra persona, no tiene nada de malo querer ganarse la vida en este campo. Lo malo es pensar que vas a reemplazar a las políticas públicas cuando sólo estás figurando y favoreciendo a un público selecto. Algunas personas se han sentido aludidas, pero ni modo.

  11. Delicado escribir sin el Verbo de la accion, gestion cultural de Panama que por decadas si muchos llevamos en la mochila y desde un lugar de Amor y entrega se hace patria mientras unos miran, otros hablan, pocos hacen.

    Carta abierta a mas que hablar, llenar teclados de palabras que estan en los diccionarios hacer ese Pais que se quiere Ver y donde Todos aporten a la realidad con sus acciones.

    Positivismo ante todo, valor a lo hecho que no existia, gestion de acciones sobre Palabras, actuar mas que hablar y tendremos ese Panama que deseamos.

    Namaste

    1. No escribo sin el verbo de la acción. Trabajo en gestión cultural con lógica de procesos donde existe un proyecto con las comunidades alejadas de la ciudad y justamente con enfoque de políticas públicas, pero no lo publicito. Me pregunto qué palabras no se habrán entendido. Ojalá el optimismo (porque positivismo no significa lo que mucha gente piensa) fuese suficiente para transformar la realidad material. Y bueno, cada uno hará lo mejor que pueda desde la vía que mejor le parezca, pero la realidad se impone y reclama sus ajustes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: