Taxis, Uber y libertad entre comillas

Ya todos sabemos que algunos taxistas son unas prenditas y que Uber es maravilloso, seguro, innovador y cura el cáncer, pero el rabioso debate sobre taxis versus Uber no es más que otra manera en que la clase trabajadora se pelea mientras los empresarios y el Estado se echan fresco desde las gradas. Dicho de otro modo, los choferes de Uber y los taxistas (junto con los propios usuarios) están en una situación más similar de lo que parece.

Uber no es un concesionario ni una piquera de taxis; es un emprendimiento tecnológico que se vale de esta etiqueta para no tener que pagar impuestos de manera consustancial a todo el dinero que ganan. Además, no pagan seguros ni prestaciones a los conductores porque en teoría, éstos no trabajan “en” la empresa (pero sí “para” ella, porque les producen riquezas ¿no?). Estos conductores se someten al trabajo precario e informal, al igual que los taxistas, pero en el caso de Uber hablamos de una empresa que, sin poner más que una aplicación que conecta a los pasajeros con los conductores, se vale del esfuerzo de personas que por la necesidad de un ingreso extra, ponen su tiempo, su trabajo y el desgaste de su propio auto.

Podría decirse que es una relación ganar-ganar, que a los conductores nadie les pone un revólver en la cabeza y que eligen estar con Uber libremente, pero la paila es la que manda y la gente va a buscar la manera de sobrevivir, aunque eso signifique desgastar un recurso que les ha costado tanto dinero, mientras otro se embolsilla la mayor parte de las ganancias. Hacer algo por necesidad no es libertad ni colaboración, es coerción sistemática, y la única supuesta libertad que tenemos es la de elegir a quién le vendemos el alma. Otros dirán que los conductores de Uber son hasta emprendedores o que están empoderados, pero el chofer no tiene ninguna propiedad sobre los medios de producción, que en este caso se supone que serían su auto y su celular. El medio de producción es la aplicación, y ésta no le pertenece.

Para los trabajadores en general, la llamada economía colaborativa o la “uberización” del trabajo no es más que precarización “elegida libremente”, como todo en el libre mercado, mientras una empresa lucra solucionando, o más bien rentabilizando y especulando con una necesidad de la gente que el Estado no quiere resolver. Dirán que el creador de Uber fue el que tuvo la idea y se arriesgó, invirtió, etc., y por eso “merece” ser rico (ahí vamos con la meritocracia), pero al igual que todas las empresas, Uber extrae plusvalía* de sus trabajadores para poder acumular riqueza, y en este caso es peor porque ni siquiera la extrae de trabajadores contratados formalmente con sus respectivos beneficios, porque eso no sería negocio para ellos. Por otro lado, especulan con las tarifas cuando les place, y se supone que el usuario es “libre” de pagarla o no, pero es una libertad falsa, porque está condicionada a lo pésimo que es el transporte público en Panamá y a lo malo y peligroso que es el servicio de los taxis. Si elijo algo porque no me queda de otra, ¿es libertad?

Según la libre competencia, entre otras cosas, las empresas deben mejorar sus productos y servicios constantemente para estar a la altura de lo que piden sus clientes y mantenerse competitivas. En ello se basa la gente para decir que si los taxistas quieren seguir en el negocio, deben ponerse las pilas para estar a la altura. Parece lógico, pero en este caso no estamos hablando de una gran empresa que compite contra otra, ni contra pequeños empresarios, como se podría pensar que son los taxistas. Estamos hablando de una empresa millonaria que compite contra gente que, además de ser trabajadores informales y precarios, muchos son explotados por los concesionarios (varios de los cuales son propiedad de diputados, o de extranjeros que vienen con dinero a someter a la gente pobre en Panamá), lo que los obliga a andar como carritos locos, con el “no voy” y cobrando lo que les da la gana porque tienen que cumplir con las cuotas absurdas que éstos les imponen, de hasta 80 o cien dólares al día. En otras palabras, los concesionarios especulan (al igual que los empresarios especulan con la vivienda, los alimentos y demás necesidades básicas que se rigen por las leyes del mercado), así que los taxistas terminan haciendo lo mismo. La gente insiste en que ellos tienen que mejorar su servicio como si fuesen una empresa cualquiera, pero la realidad es que ni el transporte, ni la salud, ni nada que beneficie a la mayoría de la población, debe quedar a merced de la lógica de mercado, especuladora y de competencia salvaje.

Que los taxis ofrezcan un servicio de calidad no dependerá de que compitan “libremente” y a muerte contra un gigante que tiene todas las de ganar, sino de que sean regulados por el Estado para que, al igual que en otros países, ofrezcan mayor seguridad, manejen ordenadamente, estén limpios, sigan las normas ambientales, cobren lo justo, den factura, vayan donde el pasajero les indique, se dejen de groserías y malas mañas, además de que se acabe el japai de los concesionarios o dueños de cupos.

Uber no es más que otra empresa oportunista y explotadora*, pese a lo que digan quienes predican el evangelio de la innovación y del emprendedurismo solucionista, amén. De todos modos, mientras usuarios, taxistas y conductores de Uber se enredan en un acalorado debate sin fin, el Estado pasa agachado porque no regula ni a Uber ni a los taxis, y una vez más se salva de responder a las necesidades básicas del pueblo. Y sí, yo también he vivido experiencias de terror con los taxistas y hasta me pone nerviosa manejar cerca de ellos, pero jamás se me ocurriría aplaudir a Varela por amenazar con quitarle un medio de subsistencia a personas humildes, en vez de él hacer lo que le corresponde. Por una vez en su vida no le caería mal, y al pueblo tampoco.

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*Cuando hablo de explotación, no necesariamente me refiero a trabajar 16 horas al día por una miseria de salario. Pensamos que no nos explotan porque se supone que elegimos libremente vender nuestra fuerza de trabajo a una empresa, pero la explotación está en la extracción de plusvalía de los trabajadores, ocultada bajo las relaciones mercantiles supuestamente libres. Para una definición más profunda de plusvalía, ver: http://www.eumed.net/cursecon/dic/bzm/p/plusvalia.htm

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